Agenesia incisivo lateral, expansores y biomateriales

El caso que vamos a presentar, se trata de una agenesia de incisivo lateral derecho, al cual se le ha hecho espacio mediante técnicas ortodónticas y se ha conseguido un espacio mesiodistal correcto, pero estrecho en sentido vestibulopalatino y para paliar este defecto, vamos a utilizar los expansores de Microdent y un biomaterial particulado (Figuras 1-8).

El Sistema de expansión ósea microdent® (Patentes en España, U.E. y U.S.A.), está formado por seis (6) expansores de diferentes calibres que nos sirven para la mayoría de situaciones y tipos de implantes.

Las primeras descripciones de expansión ósea, se deben a Tatum, que utilizó un juego de osteótomos cilíndricos, acabados en punta, de diferentes calibres progresivos y que insertados a mano y/o con martillo quirúrgico de más fino a más grueso, conseguía pasar de un orificio de 1,8-2 mm de diámetro a un orifico capaz de alojar con buen anclaje primario un implante estándar de 3,75 mm de diámetro, así como la elevación del suelo del seno maxilar.

Los expansores atraumáticos de hueso microdent®, cuya forma troncocónica y autorroscante pretende tener la expansión del hueso maxilar bajo control: El expansor en uso en ese momento, se introducirá poco a poco en el interior del neo-alveolo quirúrgico, haciendo progresiva y lentamente un orificio cada vez de mayor diámetro y con total control táctil y visual, hasta conseguir el necesario para insertar el implante adecuado al caso; habiendo formado en su interior en la mayoría de los casos una compactación del hueso en forma de espiras, que serán útiles si el paso de rosca del implante que usemos es similar al de los expansores usados (Figuras 9-15).

En el uso clínico de los expansores atraumáticos de hueso de Microdent, la secuencia será la siguiente:

 

Primero realizaremos un primer orificio con una fresa redonda o bien con una trilanceolada de puntear, para marcaje del lugar en que queramos poner el/los implantes.

Después perforaremos hasta la longitud de trabajo con la fresa de 1,2-1,8 mm de diámetro o fresa piloto; podremos en este momento insertar paralelizadores, para comprobar y realizar radiografías para comprobar posición, orientación, etc.

A partir de este momento, realizaremos todo el trabajo con los expansores, pasándolos progresivamente con llave manual, de carraca o con micromotor a bajas revoluciones, de menor a mayor, no será necesario usarlos todos, los dos primeros (nº1 amarillo y nº2 rojo) son solo iniciadores del proceso, usaremos uno u otro dependiendo de la perforación inicial. A continuación, pasaremos el siguiente expansor (nº3 azul) éste nos formará un espacio suficiente para colocar un implante de 3,75-3,80 mm Ø. Si deseamos un implante de 4,20 mm Ø, deberemos pasar el expansor siguiente (nº4 verde).

 

Nosotros preferimos usar los expansores manualmente o con llave de carraca, y cuando notamos una resistencia importante, esperamos unos segundos, para que ceda el hueso, giramos un poco en sentido antihorario y volvemos a forzar un poco más el expansor en el interior de la cavidad, intentando hacer giros progresivos y suaves; en este momento es importante observar con buena iluminación el hueso cortical que rodea al expansor, pues probablemente se estarán produciendo unas fisuras-fracturas en el hueso, que son inherentes a la técnica y que debemos tener controladas en todo momento. Si continuamos el proceso de expansión, aparecerán fracturas claramente visibles y que son del tipo “fractura en tallo verde”, propias de huesos con cierta elasticidad, es decir fracturas incompletas, este es el momento más crítico del proceso, pues si se nos produce una fractura ósea incontrolada, será muy difícil o imposible conseguir un anclaje primario del implante.

Nuestro consejo para evitar tan desagradable complicación, es que la primera perforación sea palatinizada en el maxilar superior, intentando dejar una cortical vestibular de cierta resistencia y grosor, así como realizar desperiostizaciones poco profundas, para que la irrigación perióstica pueda nutrir bien el hueso periimplantario figurado-fracturado.

Posteriormente, los espacios serán ocupados por coágulo sanguíneo y transformándose en tejido osteoide y finalmente por hueso maduro, en este caso, hemos introducido en la depresión vestibular, un biomaterial sintético, particulado, para ganar volumen en la depresión vestibular (Figuras 16-27).