Antibioterapia en odontología
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Antibioterapia en odontología

Hace unos cuantos años, la profesión odontológica se desglosó del ámbito de las especialidades médicas, por entender los gestores que las competencias y habilidades necesarias para su desempeño eran suficientemente distintas como para constituir un cuerpo doctrinal específico. Sin embargo, la odontología tiene muchos contenidos absolutamente iguales a la medicina y a otras profesiones sanitarias.

Valoración

Uno de ellos es la Farmacología. La Farmacología forma parte del currículo de la Odontología como una pieza básica esencial. Los odontólogos aprenden la composición, estructura, mecanismo de acción, metabolismo, efectos secundarios, dosis e indicaciones del conjunto de medicamentos que se emplean en terapéutica. Requieren un conocimiento general, aunque enfocado a sus competencias, a la práctica habitual y al tipo de enfermedades y pacientes que atienden de forma habitual.

De todos los medicamentos, los antibióticos constituyen una parte esencial.

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La mayor parte de los pacientes que recurren al odontólogo, lo hacen por dolor y, en muchos casos, por inflamación. Acuden por la presencia de pequeñas infecciones localizadas, pequeños abscesos o contaminaciones de heridas preexistentes. De todos es conocida la abundancia y complejidad de la flora bacteriana de la cavidad oral humana, relacionada con la dieta y los hábitos, lo que convierte la mordedura humana en un serio peligro de contaminación para quien la reciba.

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En otros casos, la cirugía de colocación de implantes precisa una adecuada profilaxis para prevenir la sobre-contaminación de los elementos protésicos.

En muchos, si no en todos los casos, se utilizan antibióticos como terapia complementaria al trabajo del odontólogo, ya sea como tratamiento o como prevención. El criterio de selección de estos antibióticos, habitualmente depende de la experiencia del odontólogo y de las características generales del cuadro clínico. La adecuada selección y utilización puede variar no solo el éxito del procedimiento, sino la salud general del paciente.

Si consideramos que un 50% de las prescripciones en antibióticos es incorrecto, que un 50% sólo toma una dosis al día, que más del 50% de los antibióticos empleados se obtienen sin prescripción, y que el 50% del gasto en medicinas de muchos pacientes se invierte en antibióticos, podemos hacernos una idea de la inadecuada utilización de estos medicamentos.

Los antibióticos deben emplearse en caso de infección establecida o como profiláctico en situaciones concretas. Tienen que usarse si se presentan infección con dolor, celulitis, tumefacción facial, fiebre, trismo, osteomielitis, leucocitosis, imágenes radiológicas sugerentes de afectación severa o situaciones de afectación inmune.

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Los estreptococos, peptoestreptococos, fusobacterium o bacteroides suelen ser los causantes, habiendo toda una serie de otros gérmenes que pueden aparecer como oportunistas o como contaminación añadida.

En caso de duda, se debe tomar una muestra de tejido o secreciones para realizar un cultivo y antibiograma, prestando atención a los hongos como elementos a considerar en casos de infecciones persistentes que no responden a antibióticos.

Las familias de antibióticos más empleadas abarcan las penicilinas, cefalosporinas, eritromicina y otros macrólidos, clindamicina y, en menor medida, tetraciclinas y metronidazol.

La selección del antibiótico para realizar profilaxis debe seguir un criterio lógico, basado en varios criterios:

  • Que sea útil para la infección que se intenta prevenir (estreptococos, otros cocos gran positivos y anaerobios gran negativos)
  • Que el antibiótico sea bactericida
  • Que sea lo menos tóxico posible
  • Que genere pocas interacciones con otros medicamentos
  • Que no produzca alergias

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La familia de las penicilinas ha ocupado este puesto central desde su descubrimiento un tanto casual por Alexander Fleming en 1929. Sin embargo, la aparición de resistencias por parte de varios grupos de gérmenes, la presencia de alergias y quizá la presión de la industria farmacéutica, ha dado la oportunidad a otros antibióticos de emplearse como tratamientos en multitud de los casos. Así ha ocurrido con la eritromicina, las cefalosporinas y la clindamicina, aunque de momento un 95% de las infecciones odontogenicas siguen siendo sensibles a penicilinas.

Con todo, en casos especiales como en pacientes con riesgo de endocarditis, es preciso implementar el tratamiento con Amoxicilina y un aminoglucósido. En los casos de gérmenes anaerobios, conviene emplear metronidazol adecuado para estos gérmenes. Si existe resistencia o rechazo a la amoxicilina, tanto la eritromicina como la azitromicina pueden reemplazarla. Es decir, debemos ajustar el tratamiento a las características específicas de la enfermedad y del enfermo.

Las posibilidades de fracaso son muy altas si se plantea:

  • Procedimiento intervencionista inadecuado
  • Cuerpo extraño o prótesis implantada
  • Antibiótico, dosis, vía de administración, concentración plasmática incorrectas
  • Enfermo con  trastornos inmunitarios

Probablemente no es incorrecto, aunque podría mejorarse, la manera de realizar la selección de los antibióticos, sobre todo cuando se emplean antibióticos de amplio espectro, simplemente por la rapidez de acción y comodidad de prescripción El abuso de esta práctica, puede llevar a una resistencia progresiva de los antibióticos y a la aparición de infecciones por gérmenes oportunistas, como los hongos. 

Desde aquí un llamamiento para la normalización de las indicaciones y la mejora en el diagnóstico y en la elección de antibióticos.

Y una invitación a la reflexión en dos sentidos:

  • La utilización masiva de antibióticos de amplio espectro no solo altera la flora en la cavidad oral, sino en el conjunto de la vía digestiva, generando multitud de pequeños trastornos digestivos de mala absorción que, a su vez, pueden conllevar trastornos en los niveles de vitaminas y de otras sustancias imprescindibles para la salud. De ahí la importancia a la hora de prescribir un antibiótico de tener en cuenta que nuestra microbiota intestinal no se recupera completamente tras el uso de los mismos. Se ha demostrado que la administración de un probiótico, como Saccharomyces boulardii, reduce la alteración de la microbiota protegiendo aquellas bacterias esenciales para nuestra salud y previene la diarrea asociada a antibióticos.
  • La resistencia a antibióticos es un problema que afecta al conjunto de la sociedad y en el que los profesionales de la salud tenemos que colaborar, primero, con nuestra propia práctica clínica y, segundo, con una labor educativa hacia el resto de los actores implicados: pacientes, autoridades y medios de comunicación.
Dr. Alfonso Vidal

Licenciado en Medicina y Cirugía, especialidad Anestesiología y Reanimación. Máster Acupuntura y Jefe Unidad del Dolor, Hospital SUR.

Licenciado en Medicina por la UCM y Especialista en Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor por la Universidad de La Laguna, Universidad donde se doctoró en Medicina. Ha trabajado como adjunto en Hospital Universitario de Alcalá de Henares, y desde hace años, Jefe del Servicio de Dolor del Hospital SUR de Alcorcón, ...

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