Novedades en implantes dentales con tantalio y hueso de baja calidad

18 Feb Novedades en implantes dentales con tantalio y hueso de baja calidad

 

Comentábamos hace unos meses, la incorporación al catálogo terapéutico del implantólogo de un nuevo implante que incorporaba el tantalio, metal que podía ser moldeado de una forma diferente al titanio, utilizado en la inmensa mayoría de los implantes actuales (también en este, pero en una menor proporción).

Terminábamos dicho post indicando que las modificaciones de diseño que el tantalio permite,  deberían traducirse en un comportamiento (al menos histológico, si no clínico) diferente, e idealmente mejor, en relación a los implantes dentales.

Identificábamos entonces dos líneas en las que se podría esperar este avance: la implantología inmediata, y el uso en situaciones de hueso de mala calidad.

En la pasada reunión de la Academia Americana de Oseointegración (2014), Kottalgi y cols presentaron evidencia del cambio que podría esperarse en el segundo de estos puntos. Su estudio consistió en un proyecto prospectivo, internacional, multicéntrico, con un año de seguimiento, de implantes Trabecular Metal ® colocados en zona de hueso tipo IV según la clasificación de Lekholm y Zarb, ampliamente usada en implantología. Los pacientes que fumaban más de tres cigarrillos al día fueron excluidos.

La media de edad de los pacientes fue de 55,35 años (rango de 22 a 79), y se estudiaron 48 pacientes (17 hombres). Se colocaron 64 implantes.

Figura 1.JPG

 

De estos 64 implantes, 47 fueron colocados en el sector molar superior (73,5%); 15 en la zona premolar (23,4%) y 2 en la zona anterior del maxilar (3,1%). 76,5% (n=49) de los implantes colocados fueron de diámetro ancho (4,7 mm); el 14,1% (n=9) fueron de un diámetro convencional (4,1 mm) y, finalmente, el 9,4% (n=6) fueron de 6,0 mm de diámetro.

El 96,8% (n=62) de estos implantes fueron colocados siguiendo un protocolo de fresado adaptado a la situación de hueso blando y de poca calidad. Este protocolo se caracteriza por un subfresado que deje, en mayor grado que el protocolo original, que la rosca del implante labre su propio alveolo, incrementando de esta forma el toque de inserción. Más del 50% de los implantes colocados tuvieron un toque de inserción de entre 30Ncm a 60Ncm.

De igual forma, un 25% (n=12) de los pacientes incluidos tenían algún tipo de condición alterada de salud, similar a lo que podemos encontrar en nuestras clínicas (además de la situación de hueso tipo IV): fumador, enfermedad periodontal, osteoporosis, enfermedad cardiaca o parafunciones (bruxismo).

El resultado de este proyecto, tras un primer año de seguimiento es el siguiente: dos implantes fracasaron en el proceso de oseointegración, lo cual deja la tasa  de éxito acumulada al año en un 96,88% (n=62/64).

Esta cifra, que puede considerarse altamente satisfactoria, está en relación a las indicadas por otros autores, usando otros tipos de implantes, también en condiciones de hueso de poca calidad. Por ejemplo, el realizado por Thor y cols (2014), y publicado recientemente, encuentran una tasa similar de éxito a los tres años de seguimiento. Por desgracia, en este estudio, al igual que en la mayoría, los criterios de exclusión son muy estrictos (por ejemplo, Thos y cols no incluyeron pacientes fumadores en su estudio), excluyendo pacientes con condiciones alteradas de salud que son muy habituales en la práctica clínica, alejando sus conclusiones de la realidad clínica.

Algo similar ocurre en el estudio de Jeong y cols (2012) en el que se obtuvo una tasa de éxito del 93,23%, aunque no se indica claramente el periodo de seguimiento (parece menor al año)  ni los criterios de exclusión (aunque parece que no es excluyeron condiciones habituales como el hábito tabáquico).

En resumen, todas estas consideraciones nos indican la dificultad de evaluar la evidencia disponible y ponerla en relación con nueva evidencia que se genera. Los datos aportados  Kottalgi y cols en la pasada AO son, sin duda, positivos, pero hasta el momento, no podemos indicar que supongan una revolución en el ámbito en que se desarrolla el estudio. En cualquier caso, no está de más recordar que son datos preliminares de un estudio diseñado a cinco años. Si estas tasas de éxito se mantienen, sí que estaríamos en un importante paso adelante, en relación a otros estudios publicados con este periodo mayor de seguimiento. 

Dr. Daniel Torres
Dr. Daniel Torres

Doctor en Odontología, Máster en Cirugía Bucal y Máster en Ensayos Clínicos por la Universidad de Sevilla. Actualmente ejerce como Profesor Titular de Cirugía Bucal y como Codirector del Máster Universitario de Cirugía Bucal en la Facultad de Odontología, Universidad de Sevilla. Forma parte de la European Board of Oral Surgery y es Vicedecano de Gestión Clínica de la Facultad de Odontología de Sevilla y Vicepresidente de la Sociedad Española de Cirugía Bucal. El Doctor Torres es autor de numerosos artículos de Cirugía Bucal en revistas nacionales e internacionales y de múltiples capítulos de libros de la especialidad. Ha realizado múltiples ponencias en Congresos nacionales e internacionales y ha sido dictante de múltiples Cursos, conferencias y seminarios sobre cirugía bucal. Actualmente ostenta el Premio de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Cádiz y es autor de los libros Tumores Odontogénicos y La Clorhexidina en la prevención de la alveolitis en el postoperatorio de los terceros molares retenidos. Coautor del libro El tercer molar incluido. Además es miembro de número de SECIB, SEPES y SEPA y Miembro fundador del SCO.

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